acoso sexual

Si eres hombre, tal vez no te has dado cuenta que las mujeres perciben la ciudad donde vives de una manera muy diferente. Tener miedo de moverse en su propia ciudad restringe la vida de millones de mujeres en ciudades de todo el mundo; la situación es tan grave, que para la mayoría de casos la pregunta adecuada para usuarias de sistemas de transporte público no es si alguna vez han sido víctimas de acoso sino cuándo fue la última vez que fueron acosadas.

Aunque se trata de un problema universal, frecuente en ciudades como Londres, Tokio o Nueva York, algunas investigaciones señalan que mujeres y niñas de países de ingresos medios y bajos están más expuestas a sufrir acoso sexual en transporte público. Por ejemplo en Bogotá, un estudio de la Secretaría Distrital de la Mujer encontró que más de la mitad de las usuarias del sistema de transporte Transmilenio sentían temor al usarlo y cerca de un tercio prefería evitarlo. De hecho, otra investigación de la Thomson Reuters Foundation señaló a Bogotá como la ciudad más insegura del mundo para las usuarias de transporte público. Si bien cualquier persona puede ser víctima de acoso sexual, en la abrumadora mayoría de casos se trata de agresiones de hombres hacia mujeres, quienes suelen sentir humillación, miedo y rabia. Incluso en los casos en los que algunos hombres son acosados, la mayoría de veces el acosador es otro hombre.

Nuestro proyecto, realizado en conjunto con activistas feministas, identificó tres formas de acoso sexual en transporte público: acoso físico, como frotamientos o manoseos, acoso verbal como comentarios soeces, y acoso no verbal, como silbidos o miradas lascivas. Recientemente, también se presentan grabaciones ocultas realizadas con teléfonos celulares en medio de la congestión de estos sistemas.

Según un estudio del caso bogotano adelantado por la académica Lina Quiñones del London School of Economics and Political Sciencees, es difícil conocer en detalle la magnitud de este problema, pues muchas víctimas temen denunciar o hablar de alguna experiencia sufrida, en gran parte por miedo a ser victimizadas de nuevo, ya sea por negligencia o indiferencia de las autoridades a cargo, o por la desaprobación de otras personas. No pocas mujeres se sienten culpables después de ser acosadas porque piensan que ocasionaron la agresión por su actitud o su vestimenta. Otras reacciones incluyen un “estado de shock” que les impide hacer algo, algunas logran actuar cambiando de lugar evitando al acosador, otras víctimas lo increpan verbalmente y una minoría responde físicamente con empujones o golpes.

Tratándose de un problema tan complejo, es evidente que se deben implementar nuevas políticas y leyes, pero creemos que un cambio cultural podría ser más efectivo. La idea de que los hombres deben comportarse de forma agresiva para validar su masculinidad es muy común, y este es precisamente el tipo de pensamiento que Poder Violeta cuestiona. A diferencia de muchas acciones frente a este problema que se concentran en la víctima indicándole cómo denunciar, Poder Violeta se enfoca en el comportamiento del acosador. Necesitamos preguntarnos con urgencia por qué hombres y mujeres, quienes a veces también normalizan comportamientos machistas, pueden ver el acoso sexual como algo normal e inevitable.